Por Jesús Angulo Romo.
Ya decía el Gobernador Enrique Alfaro en la IV Asamblea Estatal en Jalisco de Movimiento Ciudadano; “Sea cual sea el papel que a mí me toque jugar, mi carta de presentación para lo que venga, serán los resultados del Gobierno. No las paseadas que me de por los Estados de éste País, no en este momento…”. Y es que más parece importarle a las diversas expresiones políticas de la actualidad, “farandulear” y lucir por pasarelas su imagen a efecto de generar peso en sus Partidos (y fuera de ellos), a efecto de arrebatarse la candidatura por la Presidencia de la República, en lugar de ocuparse por afianzar sus proyectos de gobierno y bienestar, siendo que es en este momento, cuando México más los necesita concentrados en sus trabajos como gobernantes y servidores públicos.
Se dice coloquialmente en política que; “¡el que respira, aspira!”. Y son muchos los que en éste momento aspiran a ser candidatos, pero no todos llegarán a la meta que tienen en su ideales. También se dice que quien llega a ser candidato no es el que sabe, sino el que cabe, de acuerdo a las circunstancias y escenarios políticos del momento que se establezcan los tiempos y procesos electorales; tanto los procesos al interior de su partido, como en pleno proceso electoral de cara a la ciudadanía, es por eso, que aquel que aspire a ser Candidato, debe valorar lo que significa en toda su dimensión una “campaña”, porque llegando los tiempos reales de seleccionar a la persona indicada dentro de sus “corcholatas” se debe analizar fríamente las diversas circunstancias y características de los cada una y uno de los que aspiran, así como los que caben de acuerdo al escenario y circunstancias políticas.
En cada proceso electoral tienen sus muy peculiares características, pero lo que no cambia es que seguramente quien sea seleccionado es por el valor de el trabajo y liderazgo de cada uno de los aspirantes; porque una cosa es decir “yo quiero, puedo y tengo trabajo”; a “yo creo querer, poder y tener trabajo con la gente que votará”. El “candidato” debe considerar los riesgos que debe asumir, el costo político, económico y físico, la fortaleza para iniciar y terminar un proceso electoral y sobre todo, tener “conocimiento” a lo que concerniente gobernar; el cumplir las promesas en campaña llegado el momento de ocupar el puesto al que fue postulado y poder dar resultados de la gobernanza al puesto al que se aspira.
Algo es claro, ni los del gobierno en turno, ni los del pasado, han logrado renovarse y enfrentar lo anteriormente expuesto. Simplemente se concentran en las típicas prácticas que tienen a la sociedad, hundida en decepción y hartazgo. Esto sin dejar de lado el que incurren en prácticas ilegales (e ilícitas en casos particulares), con sus actos anticipados de campaña, disfrazados de apoyo a estructuras internas de cara al proceso electoral de Coahuila y Estado de México en 2023. Cualquier aspirante en la actualidad debería ser objetivo en campañas donde los ciudadanos están al centro y las causas al frente, ser más fuerte con cada paso, porque somos mucha ciudadanía dispuesta a cambiar las adversidades enfrentando los gobiernos con propuesta pobre y peores resultados, que hasta ahora ofrecen los mismos de siempre.
Debemos hablar y atender lo que realmente a la gente le está pasando, de sus dificultades, de sus necesidades y angustias del día a día, porque hoy, nos sobran “políticos” y nos falta buena política. Las campañas deben atender prioritariamente de la mano con la ciudadanía las problemáticas con soluciones reales y alcanzables; porque somos más capaces unidos, sí tenemos claro el nuevo rumbo que anhelamos con bases claras socialdemócratas. Necesitamos seguir demostrando ser incluyentes y no dejar a nadie de lado, atender a todas las expresiones e ideologías que a la actualidad imponen los retos para un mejor futuro para todas y todos. Esto reservando la admisión a quienes buscan anteponer el beneficio personal, al de toda la sociedad. Somos más fuertes si reconocemos los talentos internos de nuestro Movimiento; de todo aquel que aspira con trabajo, con liderazgo, con empatía, con visión; en sus tiempos claro está.
Cierro enfatizando que aunque se ha actuado con prudencia, no debemos dormirnos en nuestros laureles. Los tiempos son claros y el trabajo empieza desde cada una de nuestras trincheras, atendiendo siempre al prójimo, no al interés personal: Siempre bajo la premisa de que el que no quiere a su patria, no quiere a su madre. Hay que medir las fuerzas de enfrente. Hay que valorar y ejecutar acciones que nos lleven a materializar la Evolución que pregonamos. Y sobre todo, de los errores ajenos, aprender y reflexionar. “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.